DE POR QUÉ ME LLAMAN DONA FESTA

Me acuerdo perfectamente la primera vez que alguien me llamo Dona Festa.
Fue en mi piso de estudiantes en la Universidad.

Todos los jueves la liábamos en nuestro piso de lo grande. Bueno, como se lía en casi todos los pisos de estudiantes los jueves.

Mi gran batalla de cada jueves, aparte de no morir de intoxicación alcohólica causada por la mezcla de licores de oferta en el Alcampo, era conseguir que se escuchara música electrónica de calidad, y no las mierdas comerciales del Caribe Mix.

¿CÓMO LO PENSABA CONSEGUIR?
Con un doble CD de Florida 135, el Gran National y mi arma secreta: la persistencia.

Al principio me costó un huevo introducirlo.
Me decían que era demasiado frio.
Demasiado duro.
Demasiado agresivo.
Demasiado repetitivo.

Pero yo sabía que esos ritmos movían el alma.

Persistí y me tragué alguna que otra hora de Caribe Mix y de música comercial, con paciencia, como quien en una partida de póker espera paciente a que los otros enseñen sus manos, mientras tiene una escalera de color en la suya.

Y lo conseguí.

Conseguí que nuestro piso fuera conocido como el B135 (del bloque B, y de Florida 135).

En una de esas fiestas, que me trabaje a pico y pala, estaba disfrutando de mi logro bailando como una loca sobre el sofá a modo de podium improvisado mientras controlaba la minicadena con el mando a distancia. El Techno sonaba a unos decibelios muy por encima de los permitidos a esas horas de la madrugada permitían.

El piso estaba abarrotado de gente entrando y saliendo, y de repente un grupo de 3 chicos se acerco y empezaron a corear:

“¡¡Dona Festa, Dona Festa, Dona Festa!!”
(Mujer fiesta en catalán)

Y el resto…
El resto es historia 😉

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